LAS CASAS BLANCAS
Ya no se encienden las luces
ni se abren las ventanas
ni se sientan en la puerta
los que vivían en mi casa.
La música, se calló
las voces, enmudecieron
sólo están las cucarachas
que corren por los cimientos.
Al rallar el nuevo día,
no se oyen los vendedores
que pregonaban los chumbos
ni se escuchan, los tambores militares,
ni viene el moro del burro.
Faltan ya muchos vecinos
de los que antaño moraran.
Ya no parece mi barrio.
Ya no es, mi misma casa.
¡Cuántas historias vividas!
¡Cuántas penas y añoranzas!
¡Y cuántos recuerdos
tanto tristes como
alegres
me vienen, de aquella casa.
Ubicada en doctor Fleming
un bajo de la derecha,
con ese patio andaluz
coronado por las rejas.
¡Qué orgullosos estaban ellos
de tener en propiedad
la casa donde vivieran!
Ahora viven más arriba
(lo de vivir es un dicho)
en vez de vivir, descasan,
entre las tumbas y los nichos.
No tuvieron el placer
de fallecer en su casa.
El destino les negó
decir, su último adiós
acostados en su cama.
Ya no están Pruden y Antonio,
ni Aurora, ni María
ni tantos ,de los que allí convivieron
“Las casa blancas” son hoy,
sus tumbas del cementerio.
María A. Catalá
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